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31 ago 2012

Diario de viaje

   
Se acaba agosto, llega la temida y totalmente surrealista subida del IVA, y por eso, para que os salga más barato leerme, publico hoy la crónica fotográfica del mes de agosto.

Ah, que os habéis dado cuenta de que siempre las escribo el último día del mes así que eso no cuela... bueno, chicos, menos quejas, que voy a asumir la subida del IVA para que no repercuta en vuestros bolsillos. Yo soy así, generosa con mis pocos lectores... ¿Hay alguien ahí?

En fin, que me dejo de tonterías. Como el año pasado, el tema que nos propuso Jackie este mes en LVM  era "Diario de viaje". Contar un poco si hemos viajado a algún sitio, o si hemos hecho algo fuera de lo rutinario.

La verdad es que cuando hace unos meses estaba bien jodida con esto del PFC, me imaginaba un verano muy distinto del que he tenido. Claro que como tampoco lo del PFC salió como esperaba, y me toca seguir la tortura un poco más... así que... no puedo quejarme.

Al menos estuve unos días en Madrid: calor, calor, calor, CALOOOOR y un montón de sequedad ambiental.

Centro de Estudios Hidrográficos

Dentro del Palacio de Cristal

Anochece en Matadero

Y otros pocos en Alicante: calor, calor, CHICHARRAS A TODAS LAS PUÑETERAS HORAS y un montón de humedad ambiental.

Callejas alicantinas

La cara del moro

Imagina una pasarela al mar

Lo cierto es que nunca pensé que iría voluntariamente a Madrid en pleno agosto, y Madrid quiso agasajarme con una ola de calor, para que me queden muchas muchas ganas de repetirlo.
Venga, va, quitando lo de las horas en las que el infierno se abre y conecta con la ciudad, no está mal poder pasear de noche sin necesidad de una chaqueta. 

Tampoco entraba en mis planes lo de ir a Alicante y bañarme en el Mediterráneo en esas fechas, y oye... no, no tiene su punto, el Mediterráneo mola en marzo, mola en junio, y puede que esté muy guay en otros meses que yo no haya probado, pero en agosto está CALIENTE como el pis. Tiene que haber un término medio entre el agua helada de algunas playas gallegas y eso. Tiene que haberlo, pero yo aún no lo he encontrado, os informaré si lo descubro algún día. 
Lo de las chicharras hace que mi estima por la gente de esta zona aumente un poco, alguien que soporta esa tortura día tras día mientras dura el calor sin volverse loco de remate tiene mérito.

Al margen de las cosas que cuento en las fotos (pinchad aquí para verlas todas juntas o en cada una de las imágenes para descubrirlas), también estuve un día en Benifato, y osé bañarme en el río Guadalest, este sí estaba frío.

Y como coronación de esas dos semanas de desconexión, un viaje en coche Alicante-Madrid por la tarde, con un sol de justicia, y esos paisajes de la llanura manchega que a mí personalmente me hacen pensar en por qué la gente querría vivir ahí de forma voluntaria.

Entre las cosas curiosas de este viaje en coche, estuvo el salir un momento de la ¿autopista? ¿autovía? para descansar las piernas en el medio de Cuenca y descubrir que estábamos en el pueblo donde se murió Nino Bravo, Villarrubio. 

   
Justo a la entrada tienen esta cruz, que, creedme, da mal rollo, sobre todo si te recorres 100 metros del pueblo y no ves a un alma... y descubres que el sitio donde has decidido aparcar no es otro que la entrada al cementerio... ¡YUYU!

No hice muchas fotos en parte porque durante el día apenas salía de casa por miedo a estallar en llamas, en parte porque el calor debe ablandarme las neuronas que se interesan por la fotografía, y pocas de las que hice me han parecido pasables. Donde sí tenéis fotos interesantes es en el grupo.

¡A ver qué nos depara septiembre!



31 ago 2011

Diario de viaje

   
Este mes en "La vuelta al mundo" aprovechando que era agosto, y mucha gente se va de vacaciones,  Jackie Rueda, del blog "Casi en serio", propuso el tema "Diario de viaje: Descubrimientos".

La idea era publicar fotos tomadas durante un viaje, ya fuese de varios días, o de sólo uno, simplemente tenían que ser lugares que no formasen parte de tu día a día. De alguna forma también es una exploración, como el mes pasado, pero sin pautas fijadas de qué encontrar, simplemente tratar de enseñar algo diferente, y explicarlo un poco.

Yo no me he ido de vacaciones, lo que a priori podría parecer un impedimento para cumplir con el reto, pero lo cierto es que sí hice algunas escapaditas de un día a un par de sitios donde no había estado, y a un museo al que ya había ido, pero con una exposición que fue todo un descubrimiento.

A principios de agosto, quedamos unos amigos en hacer una churrascada en el pueblo de una de ellos, Mazaricos, y después de la comida, decidimos hacer un poco de turismo por la zona, ya que casi ninguno habíamos estado nunca. 
Nuestra primera parada fue el Alto da Ruña, el punto más alto del concello de Mazaricos.
En esa zona hay un parque eólico que aprovecha los fuertes vientos.

Qué din os rumorosos

Girando unos 90º desde este punto se tiene una vista fantástica, el océano Atlántico asomando tras el Monte Pindo, y muy al fondo, casi diluyéndose en el horizonte, Fisterra.
A pesar de la belleza del panorama, estando allí, uno no puede obviar la presencia de estos "rumorosos" que llenan el aire con los silbidos que le arrancan al viento.

Siguiendo el recorrido, acabamos el día en Ézaro, primero visitando el mirador, con sus vertiginosas vistas sobre el río Xallas en su último tramo antes de caer en el océano Atlántico.

Y el agua manó de la roca

Así, como veis, el río Xallas desemboca al mar, sin transiciones, con una caída de unos 100 metros excavada directamente en la roca granítica. Es el único río de Europa que tiene un final así de apoteósico.
Al lado, el monte Pindo, al que los romanos denominaron el "olimpo celta", lugar de rituales druídicos. 
Y enfrente, entre la bruma, Fisterra, el final del mundo.

Sentado en la orilla rocosa al pie de la cascada, en medio del fragor del agua y los arcoiris, uno se siente pequeño, y se pregunta cómo en algún momento las autoridades gallegas permitieron que una empresa privada alterase la belleza del lugar convirtiendo al poderoso Xallas en un cauce seco, dejando sólo que volviese a la vida cuando el exceso de agua ponía en peligro la integridad de los embalses.
Por suerte, esta situación ha cambiado, y en cumplimiento de la legislación fluvial, las presas deben dejar salir un caudal mínimo durante todo el año.

Mi segunda excursión de agosto fue a una fiesta gastronómica, la "Festa do polbo", donde el pulpo á feira es el rey absoluto de la jornada. Esta fiesta se celebra en O Carballiño, Ourense, el segundo domingo de agosto, y en 1969 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Por alguna extraña razón yo no había ido nunca, pero por fin, este año se ha puesto fin a ese sinsentido, y fui con unos amigos. Comimos bajo los árboles, con el típico pan de Cea, y de postre una cosa riquísima de cuyo nombre no me acuerdo.Ya con el estómago lleno, dimos otra vuelta por la feria, y aproveché para hacer algunas fotos del protagonista.
     
Polbo á feira

La pulpeira, cansada de tantas fotos como le habían hecho, prefirió no salir.

¡Fartura!
    
La zona donde se concentran los puestos de las pulpeiras es una especie de claro en medio de una arboleda. Cuando nos íbamos, allí estaban, unos todavía con género que vender, otros ya recogiendo los bártulos, mientras detrás, en la carballeira, todavía quedaba gente comiendo en las mesas y bancos de madera que se colocan para la fiesta.
Es curioso como la gente en este ambiente festivo se sienta a tu lado, y sin conocerte te ofrece su pan al ver que no llevas, o simplemente te sonríe con camaradería.


Y por último una exposición divertidísima en la que estuve: "La mitad del aire de un espacio dado" de Martin Creed, en el MARCO de Vigo.
Todas las salas de la planta baja del museo estaban llenas de globos que pretenden materializar el aire, en una instalación que curiosamente vacía y llena a la vez el espacio, modificando totalmente su percepción.

Azul panóptico

No pudimos resistirnos a la magia de cientos de globos azules apartándose a nuestro paso, sobresaltándose con nuestros movimientos, y trasladando la electricidad estática que acumulan a nuestra piel, erizándonos el pelo. 

 
Fue un momento fantástico, como volver a ser niños por un rato, jugando en un mar azul y chispeante.


Y aquí se acaba mi Diario de viaje, me ha quedado una entrada un poco larga, pero espero haberos sabido transmitir los descubrimientos que hice a lo largo de este mes.


16 jul 2008

Oporto

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar Oporto.

E. tenía que llevar a sus dos hermanos al aeropuerto de Oporto, y dado que F. le iba a acompañar, me preguntaron si me apetecía unirme y así pasar el día conociendo la ciudad.
Iba a tener que madrugar como nunca, pero merecía la pena.
El caso es que el viaje no empezó demasiado bien. Yo tenía que coger un tren a Vigo la tarde antes, y gracias a que mi móvil estaba 5 minutos atrasado, no perdí el tren por los pelos. Fui la última en subir justo antes de que se cerrasen las puertas, y tardé cosa de 10 minutos en recuperar la respiración. Para colmo, seguro que el nombre de Adrián os suena…
Al día siguiente, el despertador sonó a las 4:35, y os aseguro que no tenía ni idea de donde estaba, ni por qué el infernal instrumento estaba haciendo tanto ruido.

Fuimos a buscar a E. & familia y emprendimos un divertido trayecto hasta Oporto, sazonado por las indicaciones del GPS, y montones de comentarios tronchantes.

El aeropuerto Dr. Francisco Sá Carneiro es un edificio que impresiona, tanto por su tamaño como por su arquitectura, claro que yo para eso no soy objetiva, y me pasé bastante rato embelesada con la solución estructural.


Una vez embarcados los hermanos de E. nosotros continuamos nuestro viaje hasta el centro de Oporto, allí pasamos por al lado de la Casa da Música, aunque no nos paramos, así que una razón para volver.
Cualquiera que haya ido a Oporto, tiene, por fuerza, que haberse sentido impresionado por la belleza de esta ciudad. No me sorprende en lo más mínimo que su Centro histórico haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, solo hace falta pasear por sus calles dejando que la historia te empape para comprender el por qué de la decisión.


Cada fachada que ves, cada calle, tiene algo que hace que merezca la pena pasar por allí y dejarte seducir por el colorido que derrochan.


Paseando, también, no puedes dejar de observar que en conjunto, necesita una fuerte labor de rehabilitación, y ante algunos ejemplos de abandono, acabas por preguntarte cómo es posible que un edificio tan bonito pueda estar desaprovechado.


El hecho de que la ciudad se asiente en uno de los márgenes del Duero, hace que la ciudad vaya trepando por la ladera, así que preparaos para pasaros el día subiendo y bajando calles empinadas.


Casi por casualidad encontramos una oficina de turismo, donde nos indicaron muy amablemente unos cuantos sitios que sin duda no podíamos perdernos, como algunos ya los habíamos visto, continuamos nuestro agradable paseo haciéndolo coincidir con los lugares restantes.

Así pasamos por el Mercado do Bolhao, un caso gravísimo de dejadez y abandono, donde los comerciantes se resisten a dejar que el edificio se venga abajo, aunque por lo visto, su denuncia no está siendo atendida.


Como contrapunto, la estación de tren de S. Bento, con su recibidor forrado por 20.000 típicos azulejos pintados portugueses, obra de Jorge Colaço, formando unos murales que narran la historia de Portugal.


Lo curioso de esta estación es que nada más arrancar, el tren desaparece durante casi un kilómetro en un túnel para reaparecer discontinuamente paralelo al río, aunque a más altura. Desde aquí se conecta Oporto con otras poblaciones portuguesas, así como con Vigo o Madrid. Eso sí, si queréis ir al baño, ir preparando 50 céntimos, que ya le tienen que sacar beneficio puesto que tienen a una empleada sentada controlando que a nadie se le pase meter la monedita.


Nuestro paseo nos llevó, pasando por un mercado relativamente reciente, al Terreiro da Sé, donde se sitúa el Palacio Episcopal, la Catedral, un Museo de Arte Sacro… por lo que he descubierto investigando, la visita a la Catedral puede resultar bastante interesante, así que si vais con más de un día, quizá no sea mala idea visitarla.


Lo que sí vais a encontrar, sí o sí, dado que se encuentra a bastante altura sobre la ciudad, es una buena panorámica sobre el mosaico de tejados del casco histórico, así como una preciosa vista sobre el río y sobre Vilanova da Gaia, en la otra orilla.



Desde allí, optamos por aventurarnos bajando el laberinto de escaleras que surcan esa zona de la ciudad bajando hacia la ribera, donde tras cada esquina nos encontrábamos con un rincón agradable y colorido que disfrutar.




Aparecimos en la zona de restaurantes que hay en la ribera, pero como aún no era hora de comer, y no estábamos cansados, decidimos cruzar el río por el impresionante Puente de Dom Luís I, que se empezó a construir en 1881, el primero con estructura de metal sobre el río.


Desde el otro lado, en Vilanova da Gaia, se tiene una vista estupenda sobre Oporto, y sobre el río y sus Cais, donde están fondeados los barcos Rabelos, con los que se transportaba el vino Oporto. Por cierto, en este lado del río es donde están las bodegas del famoso vino, y os invito a comprobar que casi todos los nombres son ingleses. Los viñedos, por lo visto se sitúan en los cañones del Douro, de la misma forma que los Ribeira Sacra se cultiva en los cañones del Sil.


Otra vez en el lado portuense nos dedicamos a descansar un rato en los bancos y luego a decidir a cual de los numerosos restaurantes iríamos a comer.


Si os gusta el bacalao, irse de aquí sin comerlo es casi delito, aunque si como a mí, no os gusta, hay muchas cosas más que seguro os dejarán satisfechos, y siempre con el acompañamiento de grandes cantidades de arroz, patatas…

Ya os digo, a mí me encantó esta ciudad, y tengo unas ganas tremendas de volver y disfrutarla con calma y a pequeños sorbos, como se debe hacer con los vinos.

3 jul 2008

Adrián estate quieto


Anteayer cogí por los pelos el tren a Vigo.
Cuando mi respiración volvió a la normalidad, tuve el profundo y desagradable placer de ver interrumpida mi contemplación de la ría de Vigo a causa de unos gritos.

- Adrián, no empieces.
...
- Adrián, estate quieto.
...
- Espera a que lleguemos, vas a ver.
...
- Tú sigue así, que vas a ver lo que te pasa.
...
- No quiero ni oírte, Adrián.
...

Por más que agucé el oído y levanté la vista, no logré oír ni encontrar al dichoso Adrián, pero aún así, la mujer seguía regañándole.

Llegó un momento en que la situación era tan irritante que me dieron ganas de levantarme y decirle que se callase la boca de una vez, que ni me había enterado de la existencia del pobre chaval, pero que sus alaridos me estaban crispando los nervios (no solo a mí).

La cosa siguió igual hasta que llegamos a la estación de Vigo, donde por fin pude comprobar que Adrián existía y no era la invención de una mente desquiciada.
Adrián resultó ser un chaval delgado y con gafitas, de unos 9 años, que viajaba con la espantosa mujer y dos niñas gemelas de más o menos su misma edad.

La mujer no dejó de regañarle ni un solo segundo, mientras que Adrián solo demostraba cierto interés por las piezas visibles del vagón de tren y algo que solo puedo definir como indiferencia hacia el trato que estaba recibiendo. Incluso llegó a recibir un par de collejas y un ligero empujón, pero en ningún momento abrió la boca ni hizo nada para merecerlo ni para defenderse. La verdad, tenía cara de estar acostumbrado a esas situaciones, cosa que todavía me cabreó más.

Al final me quedé con las ganas de decirle cuatro cosas a la horrible mujer, y aunque creo que no habría valido para nada, eso no sirvió para hacerme sentir mejor.

30 dic 2007

Londres Febrero 2007 Parte 6:

Día 3 en Londres: tocan Museos.

Parte1: Previaje
Parte2: Avión y llegada
Parte3: El albergue
Parte4: Toma de contacto
Parte5: Vagabundeo

Nuestro segundo despertar en Londres. Hoy toca ruta museística.
Víctimas: British Museum, National Gallery y Tate Modern.

Después de desayunar, decidimos comprar pan para los bocatas (recordemos que ésto es un viaje a lo pobre) en una panadería cercana al albergue, cuesta elegir porque todos tienen bastante buena pinta, pero el panadero es un tío muy amable y comprensivo.

Hace un día estupendo y decidimos ir andando hasta el British Museum, porque queda relativamente cerca.

Atravesamos el parque de Bloomsbury Square, donde un cartel con una rata enorme nos advertía de que alimentar a las ardillas era alimentar a las ratas...

Y llegamos al museo, con sus columnas, con sus capiteles...


Lo que más me gustó de los museos londinenses es que no te cobran, si quieres haces una donación, y si no... allá tú con tu conciencia (allá yo con la mía, que creo que solo dí una libra entre los tres museos...).
Me llamó la atención la cantidad de gente que hay dibujando sentados por el suelo, desde niños a gente mayor.
Y se pueden hacer fotos, yo procuré hacerlas sin flash, aunque cuando le pregunté a un vigilante de sala me dijo que daba igual.
Piezas del frontón del Partenón.

Es alucinante la cantidad de cosas que exponen en este museo, al visitarlo recibes como un bombardeo de imágenes, objetos, historia...

Piedra Rosetta

Aunque más alucinante es pararte a pensar en cómo consiguieron llenar dicho museo, a fuerza de rapiñar allá por donde fueron... claro que si no lo hubiesen hecho... ¿cuantas de esas cosas de conservarían?... no sé, es un tema peliagudo.

La BBC estaba grabando una serie de documentales, así que no pudimos ver parte de las exposiciones, en concreto creo recordar que las salas sobre América.

Piezas de vidrio soplado árabes.

Aún así, nos pasamos la mañana recorriendo sala tras sala, ante nuestros ojos miles de piezas griegas, egipcias, romanas, árabes, orientales...

Momias y sarcófagos.

Reconozco que la parte que más me impresionó fue la de Egipto, aunque supongo que en gran parte se debe a que hace años que me interesa.

¿Sólo a mí me hace pensar en los Simpson la esfera azul?


Si podéis ir y os interesa lo más mínimo la historia o el arte, yo no me perdería este museo, hay un montón de cosas curiosas.

El patio central, cubierto por sir Norman Foster.

Cuando salimos, E. nos espera fuera, se hartó de seguirnos por todo el museo hace un buen rato.

Nos dirigimos hacia La National Gallery, ya muertos de hambre, así que en plena Trafalgar Square sacamos de bocatas y a comer.
La NG no es tan divertida como el BM más que nada porque solo son cuadros, pero aún así, vimos una tirada de obras que habíamos tenido que estudiar para una u otra asignatura.

Y aquí es donde cumplí con la tradición de que me abronquen los vigilantes en los museos.
Resulta que mi prima me dejó su móvil para que nos pudiésemos comunicar con ellos, y allí, en plena NG empezó a sonar. No había logrado sacarlo de la mochila cuando ya tenía al lado a un vigilante de sala diciéndome que apagase el aparato, yo abochornada solo atinaba a decir "I'm sorry, I'm sorry" y como el móvil estaba en inglés no encontraba dónde silenciarlo, y no podía apagarlo porque sin el PIN, luego no podría encenderlo...
Fue el medio minuto más largo de toda mi vida, lo juro.

A la salida decidimos coger un bus que nos llevase lo más cerca posible de nuestro siguiente objetivo, la Tate Modern.

Fleet St: A la dcha al lado del bus y el dragón: The Royal Court of Justice.

Paramos un poco antes de la catedral de San Pablo, y entramos en un Starbuck's a pillar unos cafecitos calentitos, que está empezando a hacer bastante frío. Nos los tomamos sentados en la escalinata de la catedral, aprovechando para descansar un ratillo.

Saint Paul's Church.

Y luego camino del Millenium Bridge, de Foster.
El edificio de la Tate Modern en origen fue una central eléctrica reformada por Herzog & DeMeuron como galería de Arte Contemporáneo, y lleva desde el 2000 abierta, y yo tenía unas ganas locas de verla con mis propios ojos.

Al fondo la Tate Modern.
Me encantó, había muchas cosas expuestas que no demasiado, como la famosa lata de "Mierda de Artista", pero había otras muy interesantes, entre ellas unas pizarras gigantes con dibujitos hechos a tiza.
En la planta de arriba hay actividades interactivas, y una de las exposiciones temporales (aunque más bien sea una instalación interactiva) eran unos toboganes enormes "The unilever Series" de Carsten Höller, no nos tiramos porque había una cola que nos os podéis imaginar.

¿A que dan ganas de tirarse? ¿A que sí?

Hace poco Lidiaelora, en esta entrada, mostraba una instalación que acaban de colocar en la Tate, y se preguntaba cómo lo habrían hecho. En los comentarios yo le decía cómo creía que había sido, y creo que con esta foto queda demostrada mi teoría.


Salimos ya de noche, y decidimos dar un paseo nocturno, volvimos a cruzar el puente y buscamos por Fleet Street donde tomar unas pintas.

Buuuu! The Royal Court of Justice de noche... ¿a que asusta un poquito?

Luego al albergue a cenar, y un rato en la sala común de charla con Estefano, para los cuatro era la última noche en el albergue. ¿Os podéis creer que no se me ocurrió pedirle su correo electrónico por si se le ocurría venir por España y necesitaba un guía??

Ais...

21 ago 2007

Londres Febrero 2007 Parte 5

Día 2 en Londres. Vagabundeo.

A ver si consigo condensar cada día restante en una sola entrada para acabar en pocos capítulos, que esto ya es la repanocha...

La noche pasó bastante rápida, aunque me desperté varias veces, porque el albergue es de los que montan fiestas cada noche, y aunque sean en la planta baja, la gente borracha hace ruido por los pasillos (y recordemos que era la noche de San Valentín, jejeje).

Me desperté bastante temprano, y mentiría si dijese que desde mi litera (la de arriba, jejeje) no me deleité un par de minutos contemplando al italiano, en la litera de enfrente abajo, aisss era guapo hasta dormido, jijiji.

Despertarse, ducharse, desayunar bien y en maaaaaarcha.

La noche anterior mi prima y su marido nos informaron de que había llovido hasta un par de horas antes de nuestra llegada, y la verdad es que tuvimos una suerte del quince, porque no nos llovió hasta que nos fuimos.

E. solo había pedido una cosa, del resto se dejaría llevar adonde quisiéramos, y esa petición era ir a Hyde Park, donde hicieron un mítico concierto sus adorados Red Hot Chilli Pepers.
Así que decidimos empezar por allí nuestra ruta.

Un metro hasta Nothing Hill Gate, y un corto paseo hasta Kensington Gardens, donde está el palacio homónimo, y donde tratamos sin éxito de encontrar la estatua de Peter Pan (dichosa escultura, te encontraré la próxima vez que vaya).
A pesar de que preguntamos a un montón de gente, ninguno nos envió en la misma dirección, y por supuesto ninguno acertó, aunque finalmente la localizamos en el plano del parque pasamos de ir hasta allí.

Lo que sí vimos son ardillas que se acercan a comer de tu mano, son tan bonitas, y tan rápidas...


Salimos del parque, rodeamos el Royal Albert Hall, donde actúa todo aquel que es alguien. Vimos el Royal College of Art con tremendo aparcamiento de bicis.


Nos fijamos al ir de la Prince Consort Road a la Queen's Gate que en Londres, todo son Queens, Royals, Kings, Prince y tal.


Por cierto, me encantaron las calles londinenses, anchas, con edificios de pocas alturas, muchas con arboles.

Pasamos por el Museo de Historia Natural, donde vi la cola más larga de personas que jamás me encontré, todo niños con padres, doblaba dos veces por la acera, y ya se estaba empezando a formar la tercera vuelta.


Ah! y además se celebraba la London Fashion Week, con lo que había dos carpas en los jardines del museo llenas de fotógrafos, modelos, diseñadores...

En vista de ello, decidimos no entrar, y por lo tanto me quedé sin ver el gigantesco diplodocus que tienen... pero volveré!!!!!
También pasamos sin entrar por delante del Victoria & Albert Museum, callejeamos un rato, nos encontramos delante de Harrod's, por cierto que hay un Zara justo al lado, eso es categoría Amancio!! decidimos entrar y cotillear la tan famosa decoración, salimos y seguimos callejeando.


Buscamos y buscamos donde comprar pan para hacer unos bocatas y agua, y al final fuimos a comer a Hyde Park, en un banco, en plan turista pobre total, jejeje, pero estuvo genial, ves pasar a gente de todo tipo si te sientas un rato.

Fuimos a los aseos públicos a lavarnos las manos, y descubrimos que los grifos tienen agua caliente, lo cual está bastante bien en invierno.

Paseamos un rato por Hyde Park mientras E. nos contaba cosas del susodicho concierto.

Fuimos hasta Buckingham Palace pero no recuerdo si el estandarte real estaba izado. Allí E. cogió el teléfono y muy serio dijo "Sí, ya estamos aquí delante de tu casa, anda, manda a alguien que nos abra" o algo así dejando perpleja por unos instantes a una chica que estaba a nuestro lado.


Después de ver un rato a los guardias nos fuimos paseando pegados a St James Park hasta llegar a Westminster.
No pudimos entrar en la abadía porque llegamos cinco minutos antes de que cerrasen y además a la puerta de salida, con lo que otra razón más para volver.


Por cierto que me encantan los taxis londinenses, aunque evidentemente no cogimos ninguno.

Seguimos callejeando en busca de algunos edificios que como buenas frikiarquitectas, F. y yo habíamos marcado en el mapa.

Y en eso estábamos cuando nos pasó una de las cosas más surrealistas del viaje.
Nos paramos un poco para reorientarnos en la calle, y mientras F. ojeaba el plano yo echaba un vistazo a los edificios, mientras E. hacía lo propio. Yo vi de reojo a una señora sacando dinero de un cajero y mirándonos de reojo también, a nosotros, a un tío trajeado pero sin la chaqueta en la puerta de un comercio fumando.

En esto escucho a E. "Excuse me", "Excuse me", cada vez más alto mirando hacia la señora que se alejaba, "The money", "The money", "You forgot the money".
Entonces miro hacia el cajero, y allí, en la rendija de los billetes, un fajito multicolor, y al señor que fumaba mirándolo de reojo.
La señora al principio pasa de E. pero al final, al verme a mí señalando el cajero, se da la vuelta.
"Thank you", "Thank you", y se va con el dinero toda aliviada mientras el señor del cigarro nos mira con cara de pocos amigos.
En serio, se dejaba allí más de doscientas libras, y el cangrejo aquel no decía ni mú.

En nuestro caminar llegamos otra vez al río, al jardín que hay detrás de las Houses of Parliament, donde descansamos un rato, para luego volver hacia el Big Ben, que es impresionante, por cierto.



Aquí ya decidimos que tanto caminar se iba a acabar y pillamos un metro hasta el Barrio Chino (más que nada para ver la decoración ya que a los tres días era la celebración del Año Nuevo Chino) para tomar unas birras en un pub, todos llenísimos claro, porque era la hora de salida del trabajo.


Por fin encontramos uno, planeamos un poco el día siguiente, y nos volvimos en metro hasta King's Cross Station donde nos acordamos de Harry Potter y buscamos el Andén 9 y 3/4, que por cierto no se parece al de la peli, pero bueno.

Y nos volvimos al albergue, donde después de cenar algo tomamos unas medias pintas más con Estefano, ya que era la noche del karaoke.

Y fin del día de callejeo, el siguiente, día museístico.