31 ago. 2011

Diario de viaje

   
Este mes en "La vuelta al mundo" aprovechando que era agosto, y mucha gente se va de vacaciones,  Jackie Rueda, del blog "Casi en serio", propuso el tema "Diario de viaje: Descubrimientos".

La idea era publicar fotos tomadas durante un viaje, ya fuese de varios días, o de sólo uno, simplemente tenían que ser lugares que no formasen parte de tu día a día. De alguna forma también es una exploración, como el mes pasado, pero sin pautas fijadas de qué encontrar, simplemente tratar de enseñar algo diferente, y explicarlo un poco.

Yo no me he ido de vacaciones, lo que a priori podría parecer un impedimento para cumplir con el reto, pero lo cierto es que sí hice algunas escapaditas de un día a un par de sitios donde no había estado, y a un museo al que ya había ido, pero con una exposición que fue todo un descubrimiento.

A principios de agosto, quedamos unos amigos en hacer una churrascada en el pueblo de una de ellos, Mazaricos, y después de la comida, decidimos hacer un poco de turismo por la zona, ya que casi ninguno habíamos estado nunca. 
Nuestra primera parada fue el Alto da Ruña, el punto más alto del concello de Mazaricos.
En esa zona hay un parque eólico que aprovecha los fuertes vientos.

Qué din os rumorosos

Girando unos 90º desde este punto se tiene una vista fantástica, el océano Atlántico asomando tras el Monte Pindo, y muy al fondo, casi diluyéndose en el horizonte, Fisterra.
A pesar de la belleza del panorama, estando allí, uno no puede obviar la presencia de estos "rumorosos" que llenan el aire con los silbidos que le arrancan al viento.

Siguiendo el recorrido, acabamos el día en Ézaro, primero visitando el mirador, con sus vertiginosas vistas sobre el río Xallas en su último tramo antes de caer en el océano Atlántico.

Y el agua manó de la roca

Así, como veis, el río Xallas desemboca al mar, sin transiciones, con una caída de unos 100 metros excavada directamente en la roca granítica. Es el único río de Europa que tiene un final así de apoteósico.
Al lado, el monte Pindo, al que los romanos denominaron el "olimpo celta", lugar de rituales druídicos. 
Y enfrente, entre la bruma, Fisterra, el final del mundo.

Sentado en la orilla rocosa al pie de la cascada, en medio del fragor del agua y los arcoiris, uno se siente pequeño, y se pregunta cómo en algún momento las autoridades gallegas permitieron que una empresa privada alterase la belleza del lugar convirtiendo al poderoso Xallas en un cauce seco, dejando sólo que volviese a la vida cuando el exceso de agua ponía en peligro la integridad de los embalses.
Por suerte, esta situación ha cambiado, y en cumplimiento de la legislación fluvial, las presas deben dejar salir un caudal mínimo durante todo el año.

Mi segunda excursión de agosto fue a una fiesta gastronómica, la "Festa do polbo", donde el pulpo á feira es el rey absoluto de la jornada. Esta fiesta se celebra en O Carballiño, Ourense, el segundo domingo de agosto, y en 1969 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Por alguna extraña razón yo no había ido nunca, pero por fin, este año se ha puesto fin a ese sinsentido, y fui con unos amigos. Comimos bajo los árboles, con el típico pan de Cea, y de postre una cosa riquísima de cuyo nombre no me acuerdo.Ya con el estómago lleno, dimos otra vuelta por la feria, y aproveché para hacer algunas fotos del protagonista.
     
Polbo á feira

La pulpeira, cansada de tantas fotos como le habían hecho, prefirió no salir.

¡Fartura!
    
La zona donde se concentran los puestos de las pulpeiras es una especie de claro en medio de una arboleda. Cuando nos íbamos, allí estaban, unos todavía con género que vender, otros ya recogiendo los bártulos, mientras detrás, en la carballeira, todavía quedaba gente comiendo en las mesas y bancos de madera que se colocan para la fiesta.
Es curioso como la gente en este ambiente festivo se sienta a tu lado, y sin conocerte te ofrece su pan al ver que no llevas, o simplemente te sonríe con camaradería.


Y por último una exposición divertidísima en la que estuve: "La mitad del aire de un espacio dado" de Martin Creed, en el MARCO de Vigo.
Todas las salas de la planta baja del museo estaban llenas de globos que pretenden materializar el aire, en una instalación que curiosamente vacía y llena a la vez el espacio, modificando totalmente su percepción.

Azul panóptico

No pudimos resistirnos a la magia de cientos de globos azules apartándose a nuestro paso, sobresaltándose con nuestros movimientos, y trasladando la electricidad estática que acumulan a nuestra piel, erizándonos el pelo. 

 
Fue un momento fantástico, como volver a ser niños por un rato, jugando en un mar azul y chispeante.


Y aquí se acaba mi Diario de viaje, me ha quedado una entrada un poco larga, pero espero haberos sabido transmitir los descubrimientos que hice a lo largo de este mes.